El pasado 29 de enero, celebramos la conmemoración del Día de la Paz. Una de las actividades planteadas en 2ºESO fue la redacción de relatos que tuvieran como temática central el tema de los refugiados. Los alumnos hicieron un ejercicio de empatía con unos personajes ficticios creados para tal efecto, la familia Hanaffi. El destino de esta familia estuvo por unos minutos en las manos y en la mente de nuestros creadores literarios, dando como resultado algunos relatos, que planteaban este gran problemas desde una óptica inocente, en la que siempre buscaban una forma rápida de sacar a los personajes de la situación terrible en la que se hallaban inmersos.
El relato seleccionado pertenece al alumno de 2ºA Borislav Iskrenov Borislanov. Esta es nuestra minúscula aportación para visibilizar un problema universal y desgraciadamente eterno: las nefastas consecuencias de las guerras en la población civil de cualquier lugar del mundo.
PACILANDIA, EL PARAÍSO
El sonido estridente de los
bombardeos, los cascotes, las ruinas, los gritos, la persecución, el
hambre…todo había motivado la huída de la familia Hanaffi. Un matrimonio y sus
tres hijos. Miraron hacia atrás y vieron por última vez su ciudad, su casa, su
gente, todo envuelto en una nube de miedo y odio que inundaba todo. Jamás se
habían planteado abandonar aquel lugar que les había visto nacer, pero era la
única salida para que ese mismo sitio no les viera morir.
La familia Hanaffi se fue a
otro país, llamado Pacilandia, donde había más refugiados huidos de su país, al
igual que ellos. Allí todo era muy bonito. Era como un paraíso, donde todos
eran amigos de todos y no existían las guerras.
En Pacilandia había mucha comida y muchos animales, ríos, lagos…era como una pequeña isla. Los
Hanaffi se sentían muy bien allí. Poco a poco iban conociendo a gente que sería muy importante en su vida.
-Hola. Me llamo Hasan y esta es
mi mujer Fatima. Estos son mis hijos Mohamed, Halit y Salid. Somos la familia
Hanaffi.
- Encantado de conoceros. Yo me
llamo Youseff y no tengo familia para
presentaros. Los han matado y me he quedado completamente solo.
- Nosotros podemos ser tu nueva
familia, si quieres-dijo Hasan.
- Muchas gracias. Será un honor
quedarme con vosotros.
Y así la familia Hanaffi se fue ganando la
confianza de las demás personas.
Se hizo de noche y se fueron a
dormir. Pero Hasan no podía descansar. Al cerrar los ojos, un terrible sueño lo
perseguía. En él mataban a su mujer y a sus hijos.
Youseff vio que algo lo perturbaba y lo
despertó.
-¿Qué te pasa, amigo? ¿Estás bien?
- Estoy nervioso porque acabo de soñar que
mataban a mi familia.
-Solo era un sueño. En tu caso solo era eso.
Fíjate en ellos, tócalos y estate tranquilo, porque están a tu lado.
Youseff y Hasan estuvieron toda la noche
hablando sobre lo que habían dejado atrás y lo que sería de ellos a partir de
ese momento.
Al
día siguiente, decidieron hacer una fiesta. Hacía mucho tiempo que no se
divertían. Ahora era el momento de intentar sonreír. Toda la isla se puso muy contenta con la idea.
Los mayores bailaban y los niños se metían en el agua a jugar.
Por la mañana, todos estaban
agotados, sin fuerzas para hacer nada y se quedaron dormidos hasta tarde. Hasan
había despertado temprano, otra vez inquieto por aquel terrible sueño. Cuando
despertó sobresaltado fue al agua a darse un baño. Fatima, al no ver a su
marido, salió a buscarlo y lo encontró llorando en el agua.
-¿Qué ocurre?-Preguntó inquieta.
-Estoy mal, Fatima. He tenido
un mal sueño.
-Cuéntamelo- Le pidió su mujer
preocupada.
-En mi sueño, os matan a todos
de manera violenta. Yo sobrevivía y me quedaba absolutamente solo.
-No llores, amor mío. Yo estaré
a tu lado, pase lo que pase.
-Te
quiero-Respondió Hasan dándole un abrazo a Fatima.
Volvieron a la isla y Yousseff
se interesó por cómo estaba Hasan.
-Hasan, amigo ¿Cómo estás?
-Mejor, gracias.
- Me alegro, hermano.
Youseff y Hasan estuvieron a
solas hablando sobre qué harían en adelante. No sabían si quedarse en
Pacilandia o volver algún día a su país.
Claramente, Pacilandia les encantaba
porque no había guerras, ni normas. Todo era paz y tranquilidad y eso
les tranquilizaba, pero en el fondo de su corazón, a pesar de todo, echaban de
menos su país.
- ¿Qué
haremos en el futuro, Hasan? Por mí nos podemos quedar para siempre. Aquí
estaremos a salvo y nadie morirá- Dijo Youseff.
- Es
verdad, Youseff. Pero lo tengo que pensar. Algún día nuestro país volverá a ser
un lugar seguro-Contestó Hasan.
- Pero
tardará mucho tiempo. Quizá nuestros ojos no alcancen a verlo-Suspiró Youseff.
Se fueron todos a dormir y
Hasan seguía teniendo su mal suelo. Se despertó temblando y fue donde Youseff.
-¡Youseff, despierta!-Gritó
Hasan muy nervioso.
- ¿Qué ocurre, Hasan?- Preguntó
preocupado Youseff.
- Lo he visto claro. Me quedaré
en Pacilandia con mi familia. No quiero que este sueño que me atormenta pueda
hacerse realidad en algún momento.
- Me alegro de tu decisión-
Respondió aliviado Youseff.
Los hombres volvieron a dormir
y a la mañana siguiente, Hasan anunció su decisión de quedarse para siempre en
la isla. Todos empezaron a aplaudir y a gritar de alegría. Decidieron hacer
otra gran fiesta para celebrarlo. Aquella era la mejor de todas las fiestas y
nunca jamás la olvidarían, ¿sabéis por qué? Porque todos estaban en el cielo en
una isla llamada Pacilandia.
María José Gómez López
(Profesora de Lengua Castellana y Literatura)