Tradicionalmente
el centro a conmemorado el recuerdo a nuestros antepasados en una jornada
dedicada al “Día de Difuntos”. En esta ocasión el equipo de convivencia fue
ambicioso y diseñó un programa variado y completo en el que involucramos
directamente a nuestros estudiantes para que la jornada fuese redonda. Puestos
manos a la obra el día 29 de octubre desarrollamos cuatro talleres para los
alumnos de 1º y 2º de ESO durante las dos últimas horas lectivas del día. La
actividad estaba organizada en cuatro talleres. Uno centrado en Relatos de
Terror con la inestimable colaboración del grupo de 4º diver.
Otro taller sobre Egipto, con un acceso secreto a una cámara funeraria que en
el salón de actos nos acercaba al mundo de las momificaciones y las pirámides
de este gran imperio de la antigüedad. Un tercer taller nos puso en la pista
del trabajo realizado por la Ciencia Forense gracias a la actividad
desarrollada en el laboratorio de la segunda planta del instituto. Además,
existió un taller sobre Halloween en
inglés, con el que se mostraban algunos rasgos de esta celebración de origen
celta que en nuestros días a traspasado el mundo anglosajón para convertirse en
una celebración con actividades variadas: fiestas de disfraces, las bromas, la
petición de golosinas (trick or treated =
truco o trato) o los relatos de terror.
Por
último, y puede que lo más “terrorífico” y divertido del día, hay que señalar
que también se realizó un túnel del terror
para dinamizar el movimiento de los alumnos entre las aulas donde se realizarán
los talleres; situadas en el 2º piso. Un auténtico desafío para osados.
En el taller de relatos de terror, se involucraron de forma activa todos los alumnos, tanto los encargados de llevar a cabo la actividad como los receptores de la misma.
La actividad consistió en una lectura dramatizada de un
cuento de miedo ambientado en el instituto. Los alumnos de 4ºDIVER se
caracterizaron para contar una historia a los alumnos más pequeños del centro. Para
generar un ambiente tétrico, los alumnos permanecieron durante todo el taller
con los ojos vendados, al tiempo que iban percibiendo de forma física calor,
sonidos, escalofríos, ruidos, olores, sensaciones inesperadas, que provocaban
en ellos las más distintas reacciones.
A continuación, os dejamos el texto del cuento que se utilizó
en el taller. Leedlo con atención y después, recordad que nada es lo que
parece…
EL INSTITUTO
Hay
algo que vosotros no sabéis y que pasó aquí, en este instituto. Todos,
profesores, alumnos, conserjes, hacen como que todo es normal, como que nunca
pasó nada. Pero sí pasó.
Ana
García ¿os suena? No, claro, nadie puede, ni quiere recordarla. Cada vez que se
levantaba por las mañanas y cruzaba la puerta, empezaba su pesadilla.
Empujones, burlas, insultos, risas…hacían que su vida allí fuera insoportable.
Aborrecía el instituto, a la gente y la vida que llevaba en él.
Durante
una práctica en el laboratorio de ciencias, a alguien se le cayó una sustancia
inflamable que comenzó a arder en contacto con el butano que estaban
utilizando. Los alumnos se asustaron y
el fuego rápidamente alcanzó una vitrina con productos químicos. La explosión
fue tremenda. Pedacitos de cristales mezclados con un intenso humo, hicieron
que todos los que estaban allí huyeran despavoridos. Todos…no. Ana aún sujetaba
el tubo de ensayo con aquellos reactivos, su mirada seguía clavada en el baile
de las llamas. Sacó un frasquito de su mochila y bebió una pequeña cantidad de
algo que hizo que se desplomase enseguida.
El
instituto era bastante nuevo y aún no se había hecho ningún simulacro de
incendios, así que el caos, el desconcierto y el miedo camparon a sus anchas
entre los gritos adolescentes.
Nadie
sabía bien cómo actuar ante un incendio real, así que alumnos y profesores, una
vez que comprobaron que las aulas estaban vacías, cerraron las puertas, incluso
la del laboratorio. Ana yacía en el suelo, cubierta casi por completo por un
denso humo.
Desde
fuera la escena era horrible, una inmensa humareda impedía ver si quiera la
estructura del edificio. La gigantesca nube de polvo y cenizas se vio desde
Rioseco hasta Benavente.
Del
instituto sólo quedó la estructura de hormigón.
Los
padres de los alumnos llegaron rápidamente a buscar a sus hijos, y después de
mucho desconcierto, nervios y lágrimas de alivio, las familias abrazaron a los
chicos.
Una
pareja tenía los brazos vacíos y el aliento helado ¿Dónde está Ana? ¿Dónde está
nuestra hija? No hubo respuesta.
No
quedaron restos de Ana. Sus padres no conseguían superar el duelo de esa ausencia
y se marcharon de Villalpando. Sabían lo mal que lo pasaba su hija cada vez que
salía de casa para ir al instituto, y ver que la normalidad volvía a las casas
de aquellos que habían hecho tanto daño a Ana, les provocaba aún más rabia.
La
Junta de Castilla y León dio una importante partida para restaurar el centro, y
después de meses de reconstrucción “Tierra de Campos” abrió de nuevo sus puertas.
El
primer día fue raro, pero la disposición de las aulas era la misma que antes,
así que daba la impresión de que todo había sido un mal sueño.
Ana
García era de 2ºA y siempre se sentaba en el mismo sitio. El primer alumno que
se sentó en su lugar empezó a sentir un calor tan insoportable que se
desvaneció. La profesora que estaba en clase se sorprendió de la temperatura
del chico, y cuando vinieron los del 112 constataron 43 de fiebre. Pedro estuvo
tres días en coma.
El
sitio seguía vacío. El siguiente alumno fue uno que siempre se reía de todos,
especialmente de Ana. A las pocas horas de su atrevimiento vio cómo un
sarpullido inundaba todo su cuerpo provocándole unas ampollas dolorosísimas. A
la semana, murió.
Ahí
empezó el miedo. Nadie quería sentarse ahí y la silla permanecía vacía.
A
los tres meses de la reapertura, Catalina, la antigua conserje, dimitió. Decía
que cuando los alumnos se iban oía ruidos raros, como si alguien arrastrase
muebles o algo parecido pidiendo ayuda a voces.
La
Dirección Provincial de Educación enseguida envió un sustituto al que le
temblaban las piernas cuando entró por primera vez al centro.
Las
prácticas del laboratorio eran complicadas. Nadie quería tocar ningún producto
y siempre había algún incidente.
Las
luces se apagaron. Todo estaba a oscuras, los chicos, intranquilos, empezaron a
oler a humo, notaban ágiles dedos helados sobre sus caras, espaldas, y un
susurro en sus oídos: “Ayúdame, ven conmigo”. Gritos, golpes, mesas, cristales
rotos, empujones, tirones, ventanas cerradas, puerta cerrada, oscuridad…la
locura se apoderó de todos, que luchaban por saber con quién se enzarzaban en
una ciega y mortal pelea.
-¿Quién
se ríe ahora?- se oyó la voz de Ana
La
puerta la abrieron desde fuera. Los bomberos no podían creer que todo lo que
estaba ante sus hijos fuera real.
Los
cuerpos adolescentes se apilaban en el suelo, con el terror en sus ojos muertos
y la sangre en esos dedos que, buscando una salida, habían chocado con
productos químicos que esta vez reaccionaron provocando una intoxicación letal
a todo 2ªA.
Las
luces funcionaban correctamente y persianas, ventanas y puerta no presentaban
ninguna anomalía. Ante las miradas de pavor de los bomberos una sombra se
escabulló entre ellos y a lo lejos se oyó una voz que decía: ¡¡Ahora gano yo!!
Ja,ja,ja,jaja

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