jueves, 26 de noviembre de 2015

Conmemoración del "Día de Difuntos"


Tradicionalmente el centro a conmemorado el recuerdo a nuestros antepasados en una jornada  dedicada al “Día de Difuntos”. En esta ocasión el equipo de convivencia fue ambicioso y diseñó un programa variado y completo en el que involucramos directamente a nuestros estudiantes para que la jornada fuese redonda. Puestos manos a la obra el día 29 de octubre desarrollamos cuatro talleres para los alumnos de 1º y 2º de ESO durante las dos últimas horas lectivas del día. La actividad estaba organizada en cuatro talleres. Uno centrado en Relatos de Terror con la inestimable colaboración del grupo de 4º diver. Otro taller sobre Egipto, con un acceso secreto a una cámara funeraria que en el salón de actos nos acercaba al mundo de las momificaciones y las pirámides de este gran imperio de la antigüedad. Un tercer taller nos puso en la pista del trabajo realizado por la Ciencia Forense gracias a la actividad desarrollada en el laboratorio de la segunda planta del instituto. Además, existió un taller sobre Halloween en inglés, con el que se mostraban algunos rasgos de esta celebración de origen celta que en nuestros días a traspasado el mundo anglosajón para convertirse en una celebración con actividades variadas: fiestas de disfraces, las bromas, la petición de golosinas (trick or treated = truco o trato) o los relatos de terror.

Por último, y puede que lo más “terrorífico” y divertido del día, hay que señalar que también se realizó un túnel del terror para dinamizar el movimiento de los alumnos entre las aulas donde se realizarán los talleres; situadas en el 2º piso. Un auténtico desafío para osados.





         En el taller de relatos de terror, se involucraron de forma activa todos los alumnos, tanto los encargados de llevar a cabo la actividad como los receptores de la misma. 

La actividad consistió en una lectura dramatizada de un cuento de miedo ambientado en el instituto. Los alumnos de 4ºDIVER se caracterizaron para contar una historia a los alumnos más pequeños del centro. Para generar un ambiente tétrico, los alumnos permanecieron durante todo el taller con los ojos vendados, al tiempo que iban percibiendo de forma física calor, sonidos, escalofríos, ruidos, olores, sensaciones inesperadas, que provocaban en ellos las más distintas reacciones.






A continuación, os dejamos el texto del cuento que se utilizó en el taller. Leedlo con atención y después, recordad que nada es lo que parece…





EL INSTITUTO

Hay algo que vosotros no sabéis y que pasó aquí, en este instituto. Todos, profesores, alumnos, conserjes, hacen como que todo es normal, como que nunca pasó nada. Pero sí pasó.
Ana García ¿os suena? No, claro, nadie puede, ni quiere recordarla. Cada vez que se levantaba por las mañanas y cruzaba la puerta, empezaba su pesadilla. Empujones, burlas, insultos, risas…hacían que su vida allí fuera insoportable. Aborrecía el instituto, a la gente y la vida que llevaba en él.
Durante una práctica en el laboratorio de ciencias, a alguien se le cayó una sustancia inflamable que comenzó a arder en contacto con el butano que estaban utilizando. Los alumnos se asustaron  y el fuego rápidamente alcanzó una vitrina con productos químicos. La explosión fue tremenda. Pedacitos de cristales mezclados con un intenso humo, hicieron que todos los que estaban allí huyeran despavoridos. Todos…no. Ana aún sujetaba el tubo de ensayo con aquellos reactivos, su mirada seguía clavada en el baile de las llamas. Sacó un frasquito de su mochila y bebió una pequeña cantidad de algo que hizo que se desplomase enseguida.
El instituto era bastante nuevo y aún no se había hecho ningún simulacro de incendios, así que el caos, el desconcierto y el miedo camparon a sus anchas entre los gritos adolescentes.
Nadie sabía bien cómo actuar ante un incendio real, así que alumnos y profesores, una vez que comprobaron que las aulas estaban vacías, cerraron las puertas, incluso la del laboratorio. Ana yacía en el suelo, cubierta casi por completo por un denso humo.
Desde fuera la escena era horrible, una inmensa humareda impedía ver si quiera la estructura del edificio. La gigantesca nube de polvo y cenizas se vio desde Rioseco hasta Benavente.
Del instituto sólo quedó la estructura de hormigón.
Los padres de los alumnos llegaron rápidamente a buscar a sus hijos, y después de mucho desconcierto, nervios y lágrimas de alivio, las familias abrazaron a los chicos.
Una pareja tenía los brazos vacíos y el aliento helado ¿Dónde está Ana? ¿Dónde está nuestra hija? No hubo respuesta.
No quedaron restos de Ana. Sus padres no conseguían superar el duelo de esa ausencia y se marcharon de Villalpando. Sabían lo mal que lo pasaba su hija cada vez que salía de casa para ir al instituto, y ver que la normalidad volvía a las casas de aquellos que habían hecho tanto daño a Ana, les provocaba aún más rabia.
La Junta de Castilla y León dio una importante partida para restaurar el centro, y después de meses de reconstrucción “Tierra de Campos” abrió  de nuevo sus puertas.
El primer día fue raro, pero la disposición de las aulas era la misma que antes, así que daba la impresión de que todo había sido un mal sueño.
Ana García era de 2ºA y siempre se sentaba en el mismo sitio. El primer alumno que se sentó en su lugar empezó a sentir un calor tan insoportable que se desvaneció. La profesora que estaba en clase se sorprendió de la temperatura del chico, y cuando vinieron los del 112 constataron 43 de fiebre. Pedro estuvo tres días en coma.
El sitio seguía vacío. El siguiente alumno fue uno que siempre se reía de todos, especialmente de Ana. A las pocas horas de su atrevimiento vio cómo un sarpullido inundaba todo su cuerpo provocándole unas ampollas dolorosísimas. A la semana, murió.
Ahí empezó el miedo. Nadie quería sentarse ahí y la silla permanecía vacía.
A los tres meses de la reapertura, Catalina, la antigua conserje, dimitió. Decía que cuando los alumnos se iban oía ruidos raros, como si alguien arrastrase muebles o algo parecido pidiendo ayuda a voces.
La Dirección Provincial de Educación enseguida envió un sustituto al que le temblaban las piernas cuando entró por primera vez al centro.
Las prácticas del laboratorio eran complicadas. Nadie quería tocar ningún producto y siempre había algún incidente.
Las luces se apagaron. Todo estaba a oscuras, los chicos, intranquilos, empezaron a oler a humo, notaban ágiles dedos helados sobre sus caras, espaldas, y un susurro en sus oídos: “Ayúdame, ven conmigo”. Gritos, golpes, mesas, cristales rotos, empujones, tirones, ventanas cerradas, puerta cerrada, oscuridad…la locura se apoderó de todos, que luchaban por saber con quién se enzarzaban en una ciega y mortal pelea.
-¿Quién se ríe ahora?- se oyó la voz de Ana
La puerta la abrieron desde fuera. Los bomberos no podían creer que todo lo que estaba ante sus hijos fuera real.
Los cuerpos adolescentes se apilaban en el suelo, con el terror en sus ojos muertos y la sangre en esos dedos que, buscando una salida, habían chocado con productos químicos que esta vez reaccionaron provocando una intoxicación letal a todo 2ªA.
Las luces funcionaban correctamente y persianas, ventanas y puerta no presentaban ninguna anomalía. Ante las miradas de pavor de los bomberos una sombra se escabulló entre ellos y a lo lejos se oyó una voz que decía: ¡¡Ahora gano yo!! Ja,ja,ja,jaja
                                     

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