Yo
creía que la vida era más sencilla, hasta que empecé a preguntarme ¿Qué es en
realidad? Desde entonces nada ha vuelto a ser lo mismo. Maldigo dicho día, en
el que desee ser diferente ¿Por qué razón debería preocuparme? Si nadie es
igual que nadie, ya estaría siendo distinta.
Todo
empezó cuando mi amiga Carla me introdujo en el mundo de “los chicos”. No la
culpo, al fin y al cabo es mi vida, pero habría sido muy distinto si Rubén no
se hubiese sentado a mi lado. Alto, de piel clara, ojos oscuros y cabello negro
con ese dichoso peinado que se puso de moda. No me habría llamado la atención
sin su personalidad distraída y despreocupada y sin claro está, el ánimo que
Carla me daba cada vez que su nombre salía en la conversación.
Bien,
dejaré de hablar de él si no quiero caer en su recuerdo, pero lo considero un
factor importante en esta historia, ya que fue la primera persona que me hizo
preguntarme ¿Cómo soy? ¿Gustará eso a la gente? Y demás preguntas estúpidas
hasta el punto de dudar de mí misma.
Pude
haberme preocupado por mis estudios o siquiera por el ocio como bien hizo mi
querida amiga Sara, quién se centró en su vida y sus amigos. Pasaban el rato
subiendo videos a YouTube cuando aún este no era tan
conocido. Se hizo famosilla y ahora vive en Salamanca. Chica lista. Yo mientras
me pasaba el día pensando en mi chico, por cierto, completamente idealizado,
hasta que entendí por fin la frase “pensar
por ti mismo”. Aun así las preguntas afloraban sin descanso.
Éramos
mi nueva visión del mundo y yo. Tras largas charlas conmigo misma llegué a la
conclusión de que estaba perdiendo el norte. Solo pensaba mientras el mundo
seguía girando indiferente.
Fue
entonces cuando me cansé de tanta
cháchara mental y autocentrismo y descubrí otro mundo, “la vida misma” donde si
piensas, no avanzas y si no avanzas te pierdes el momento. Gracias al cual, si
sabes mirar, te fijas en cosas que nunca verías, cosas tan simples como el nido
a punto de caerse del árbol, o esa casa tan antigua y lujosa que da sensación
de aristocracia al ambiente.
Recuerdo
frases textuales de mi profesor de literatura, que debo admitir no entendía
hasta ahora: - “El presente, es el futuro pasado”, representando el pensamiento
como futuras acciones; - “Pensar es vivir en un recuerdo y recordar es parar el
tiempo”, a menos claro que aprendas a hablar contigo misma.
Esto
último con sentido doble, creo.
En
conclusión a todo esto, la ignorancia da la felicidad. Pero quizás yo la
encuentre en esos momentos de silencio, rodeada de ruido, quizás no tenga una
sola visión de la vida y viva siempre en la posibilidad de elegir.
¿Debería
dejar de preguntar tanto o sería negarme otra forma de vivir? ¿Existe un
término medio o sería buscar la perfección?
Haga lo
que haga la vida no me va a esperar y pide con los errores que la dejes pasar.
Dejarte
llevar... ¿Qué pasaría?
-Piensa rápido;
actúa natural-
Manuela Bedoya M. 4ºA

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