lunes, 4 de abril de 2016

El sentido de la vida

Yo creía que la vida era más sencilla, hasta que empecé a preguntarme ¿Qué es en realidad? Desde entonces nada ha vuelto a ser lo mismo. Maldigo dicho día, en el que desee ser diferente ¿Por qué razón debería preocuparme? Si nadie es igual que nadie, ya estaría siendo distinta.
Todo empezó cuando mi amiga Carla me introdujo en el mundo de “los chicos”. No la culpo, al fin y al cabo es mi vida, pero habría sido muy distinto si Rubén no se hubiese sentado a mi lado. Alto, de piel clara, ojos oscuros y cabello negro con ese dichoso peinado que se puso de moda. No me habría llamado la atención sin su personalidad distraída y despreocupada y sin claro está, el ánimo que Carla me daba cada vez que su nombre salía en la conversación.
Bien, dejaré de hablar de él si no quiero caer en su recuerdo, pero lo considero un factor importante en esta historia, ya que fue la primera persona que me hizo preguntarme ¿Cómo soy? ¿Gustará eso a la gente? Y demás preguntas estúpidas hasta el punto de dudar de mí misma.
Pude haberme preocupado por mis estudios o siquiera por el ocio como bien hizo mi querida amiga Sara, quién se centró en su vida y sus amigos. Pasaban el rato subiendo videos a YouTube cuando aún este no era tan conocido. Se hizo famosilla y ahora vive en Salamanca. Chica lista. Yo mientras me pasaba el día pensando en mi chico, por cierto, completamente idealizado, hasta que entendí  por fin la frase “pensar por ti mismo”. Aun así las preguntas afloraban sin descanso.


Éramos mi nueva visión del mundo y yo. Tras largas charlas conmigo misma llegué a la conclusión de que estaba perdiendo el norte. Solo pensaba mientras el mundo seguía girando indiferente.
Fue entonces  cuando me cansé de tanta cháchara mental y autocentrismo y descubrí otro mundo, “la vida misma” donde si piensas, no avanzas y si no avanzas te pierdes el momento. Gracias al cual, si sabes mirar, te fijas en cosas que nunca verías, cosas tan simples como el nido a punto de caerse del árbol, o esa casa tan antigua y lujosa que da sensación de aristocracia al ambiente.
Recuerdo frases textuales de mi profesor de literatura, que debo admitir no entendía hasta ahora: - “El presente, es el futuro pasado”, representando el pensamiento como futuras acciones; - “Pensar es vivir en un recuerdo y recordar es parar el tiempo”, a menos claro que aprendas a hablar contigo misma.
Esto último con sentido doble, creo.
En conclusión a todo esto, la ignorancia da la felicidad. Pero quizás yo la encuentre en esos momentos de silencio, rodeada de ruido, quizás no tenga una sola visión de la vida y viva siempre en la posibilidad de elegir.
¿Debería dejar de preguntar tanto o sería negarme otra forma de vivir? ¿Existe un término medio o sería buscar la perfección?
Haga lo que haga la vida no me va a esperar y pide con los errores que la dejes pasar.
Dejarte llevar... ¿Qué pasaría?

                               -Piensa rápido; actúa natural-

Manuela Bedoya M.  4ºA

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